La Basílica del Cerro de los Ángeles está completando una intervención esencial en sus vidrieras. Aunque todavía no han terminado los trabajos, ya se puede ver parte de los resultados.
Al retirar las rejas exteriores y sustituir los antiguos cristales traslúcidos por vidrios transparentes de seguridad, el templo ha recobrado su aliento lumínico: la luz diurna inunda ahora el interior, revelando cada matiz del diseño, mientras que, al anochecer, las vidrieras irradian su color hacia el exterior.
Además, la obra ha habilitado la ventilación de la planta superior, resolviendo un histórico problema de condensación y calor estival.
Una Sinfonía de 1976
Inauguradas hace medio siglo, estas piezas representan una «sinfonía de luz» donde el mensaje de las Bienaventuranzas dialoga con la sobriedad del granito.
La obra, con una inversión original de tres millones de pesetas, es fruto de dos pilares del arte vasco:
• El diseño: El sacerdote José María Muñoz Ibáñez proyectó diez piezas de estilo moderno y figurativo. Influido por la vanguardia de la Escuela Vasca, el artista huyó del realismo para abrazar una síntesis geométrica de colores vibrantes.
• La ejecución: La célebre firma bilbaína Vidrieras de Arte S.A. (Familia Delclaux) —reconocida por sus trabajos en la Catedral de Vitoria y el Santuario de Urkiola— aportó un emplomado de tal maestría que confirió a los vitrales una solidez arquitectónica excepcional.
